Pensamiento excesivo por los pasillos, buscas quién sabe qué entre clases de idiomas, filosofías, ontologías, coloquios, cátedras, seminarios: una mirada, dos miradas, mil y una miradas fugaces que no reafirman lo que eres.
¿Quién se ha robado a los hombres? Doctores, eruditos, estudiosos, filósofos de la vida van y se van, lentes con armazones gruesos, intelectuales con vestimenta europea con libros en mano. Ningún hombre.
(Los vividores han soltado ya la vida y dejaron dicho que la filosofía no sirve para nada.)
Los filósofos de la vida, muy contemporáneos e indiferentes, pasan y sintonizan monólogos del más allá de lo que leen, sin respirar no dejan de hablar y seguir a la zanahoria de su propio pensamiento, ya muerto, pues le fue imposible a la vida defenderlo. Miles de páginas por leer trazan la frontera entre ellos y tú, diferencia de autoridad sin dejar entrar a la experiencia. Tratar de pensar por ti mismo está prohibido, sólo se trata de repetición y memoria de lo que se lee: muy pobre apropiación.
Es a la burbuja de seguridad a la que huyen estos filósofos: dominar la teoría que no responde a la urgencia de la vida. Cualquier interés personal de sus pacientes se aborda en el silencio, todos los demás intereses tienen que seguir rigurosamente el pálido programa, condición de posibilidad de su pensamiento. Programar tu pensamiento: terrible contradicción en la que te encuentras al seguir el curso estudiantil, tal y como paciente que eres y tienes que ser.
Ausencia total en cuatro paredes, cada quien meditando sus quehaceres, al pendiente del tiempo vulgar, haciendo la finta de que entiendes los monólogos de aquellos filósofos, tomando nota de lo que no le urge en absoluto a tu vida, puros datos: un diario de datos impropios. Una que otra vez te aburres y escuchas lo que te es propio, pero la urgencia de seguir el programa te hace huir, para no hallarte.
Desolador. Aunque no está mal para "imaginarnos" y decidir lo que por ética no nos convendría permitirnos ser. ¡Vámonos de vividores!
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