Sacó el as bajo la manga que escondía y no nos dejo de sorprender. "La vida hay que soltarla de un sopetón", nos decía, y así, ella lo hizo, sin dejarnos tiempo de empezar lo que nunca terminamos. Su corazón en un sueño profundo murió para vivir en el de nosotros y hoy es día de festejar lo que ella nos enseño a vivir.
Invitación a la entrada
Te invitamos a que entres a ese vano que está en ti.
A-diós al mundo de las certezas y de los cálculos del más allá; hola a tu mundo, el del más acá, un mundo más dionisíaco...
martes, 29 de noviembre de 2011
Sorpresas que da la vida
Sacó el as bajo la manga que escondía y no nos dejo de sorprender. "La vida hay que soltarla de un sopetón", nos decía, y así, ella lo hizo, sin dejarnos tiempo de empezar lo que nunca terminamos. Su corazón en un sueño profundo murió para vivir en el de nosotros y hoy es día de festejar lo que ella nos enseño a vivir.
domingo, 13 de noviembre de 2011
El penúltimo tren

sábado, 5 de noviembre de 2011
Entre los "peces de ciudad". Sabina en Nueva York
El concierto era en la tarde y ese mismo día todavía había boletos. No es algo común en las presentaciones de Joaquín Sabina; y mucho menos que, llegada la hora, el teatro no estuviera lleno. Se ocuparon la mitad de los lugares, más o menos.
Sería difícil adivinar el perfil o los motivos de las personas que asistían. Tal vez gente que lo recordaba de algún lado, o gente que pasaba por ahí. Eso sí, adentro del teatro no se escuchaba una sola palabra en inglés. Todos podían repetir de memoria las canciones y muchos comentaban cuánto valía la pena estar ahí para escucharlo.
Comenzó el concierto, pero esta vez el ambiente era diferente. Tal vez la gente, tal vez el lugar, o tal vez el cantante. Pero el ritmo se volvió más denso, reflexivo, como quien reconoce algo propio en un lugar extraño. La selección de canciones en sí misma no fue una sorpresa. Estuvieron las más conocidas, o las más reconocibles. Y tampoco fue raro que se incluyera “Peces de ciudad” pensando que ahí se aludía a la ciudad cede.
Con la versión para piano, esta canción apareció hacia la mitad del concierto con los aplausos de quien se sentía, y estaba, en el mismo lugar que ahí se describía. Desde luego, “Peces de ciudad” era la misma canción de siempre, pero en ese lugar y en ese momento cobró un significado más vivo. ¿Era solamente la fatua Nueva York y la estatua de la libertad lo que involucraba a los asistentes? ¿Qué más tenía que decir el español que “desafina” con un discurso ligeramente distinto?
Hay una clave marcada en “la ley del tesoro en las minas del rey Salomón” . Apunta directamente hacia el mundo de las certezas y las verdades kantianas –discurso dominante en el lugar que se está describiendo. En la isla hay acuarios, Manhattan y los rascacielos con cristales enormes. Ahí están los “peces de ciudad” que viven en la seguridad elegida cuando “mordieron el anzuelo”. Estos habitantes “perdieron las agallas en un banco de morralla”, decidieron privarse del movimiento y del horizonte, como lo sugiere la “playa sin mar”. Mejor no prolongar la comparación y topar con realidades humanas concretas, formas de vida libremente elegidas; o mejor sí…
son las dos opciones que siempre se ofrecen en estas canciones.
Del lado opuesto, está el movimiento temporal que el cantante asume en primera persona. Al no quedar lugares donde escapar, solamente se puede dar cuenta de un movimiento interior. Lo marcan el corazón y las venas. Pero este tránsito que desafía “el oleaje” no es fácil. Está en juego la transformación del paso del tiempo y la aceptación de ese tiempo: temporalidad e incertidumbre. ¿Alguna recompensa? Siguiendo “la ley del tesoro”, ninguna.
lunes, 30 de mayo de 2011
miércoles, 18 de mayo de 2011
Hacia el otro pensar..
¿Tal vez comenzando con un cambio fundamental del estado de ánimo?...
¿Cómo logramos un cambio fundamental de nuestro estado de ánimo?







