Invitación a la entrada

Te invitamos a que entres a ese vano que está en ti.
A-diós al mundo de las certezas y de los cálculos del más allá; hola a tu mundo, el del más acá, un mundo más dionisíaco...

martes, 29 de noviembre de 2011

Sorpresas que da la vida

Creyendo que era una broma, un truco de ontología al que nos quería someter y de mala fe tratando de jugar a la eternidad; con los pasos paralizados al descubrir lo propio de la mortalidad: mi muerte con su muerte.

El truco de la vida es de lo más sencillo que nos podamos imaginar. Hoy, Carmen superó la prueba y nos dejó la tarea de encontrar ese truco al que ella sabiamente jugaba con cafeína sobre la mesa. 

Sacó el as bajo la manga que escondía y no nos dejo de sorprender. "La vida hay que soltarla de un sopetón", nos decía, y así, ella lo hizo, sin dejarnos tiempo de empezar lo que nunca terminamos. Su corazón en un sueño profundo murió para vivir en el de nosotros y hoy es día de festejar lo que ella nos enseño a vivir.

domingo, 13 de noviembre de 2011

El penúltimo tren


Saliendo de la propia prisa por la puerta del filosofar, tarde llegando a tiempo, buscando en el bolso las llaves que conducen al destino musical, del lápiz labial hacia la medicina, un chicle que recuerda la sed de cantar.

Los necios botones de las cámaras que no captan el momento que vivimos, la copia infiel de un sombrero negro no se entiende a la altura de la mirada del mundo, ácaros flotando en cada sacudida rubia como notas de “la magdalena”.

Una mentada de madre con el desafino y el coro que ya no se repite, hay quien quiere ser el primero en declamar la estrofa que no escucha.

La melodía acompañando de querer y no querer, los rostros iluminadas de a-sintonías al bailar, una sonrisa por cada do re mi, recuerdos que ganan terreno en el presente y presente que quiere ser más vivido de lo que se canta. No parece ser tan preferible Batman, cuando se tiene a una linda mujer ante los ojos.

Entre canciones y poemas, el extranjero víctima de malinchismo grita “pinche facebook” como declaración de que una palabra vale más que mil imágenes, esas “lágrimas para llorar cuando valga la pena” se despiden entonando un poema embarazado del “penúltimo tren”.
El conductor perdido de un auto que va hacia el extravío en el mundo y en las escaleras la caída hacia arriba, las peatones recobrando el aire, sin soltar la nicotina que acarrea el mundo,  la risa buscando la salida para poder continuar. 

Tratando de no tomar pastillas para no soñar, hay que entender los imperativos categóricos para poder confundir un auto anaranjado con un arbusto iluminado y caer en un ataque de risa, aunque el camellón obscuro no nos puede dar tanta tregua con un giro hacia la muerte. 

Los malandrines esperando una limosna de tráfico, el camino arbolado truncado que trae consigo la diversión del imprevisto de ser en medio de la vida, con la desesperanza de los que vienen atrás tratando de ser comprendidos. 

Un claxon más y nos sentamos en cámara lenta, no hay prisa por llegar a la desesperación. La diversión tendrá que esperar a que termine la media noche para tomar un café que sólo se sirve en 24 horas contadas en los días que no hay nada que hacer. 

Las luces de STOP no son necesarias en una noche iluminada y a veces hay que caerse otra vez para encontrarnos en el camino.








sábado, 5 de noviembre de 2011

Entre los "peces de ciudad". Sabina en Nueva York

El concierto era en la tarde y ese mismo día todavía había boletos. No es algo común en las presentaciones de Joaquín Sabina; y mucho menos que, llegada la hora, el teatro no estuviera lleno. Se ocuparon la mitad de los lugares, más o menos.

Sería difícil adivinar el perfil o los motivos de las personas que asistían. Tal vez gente que lo recordaba de algún lado, o gente que pasaba por ahí. Eso sí, adentro del teatro no se escuchaba una sola palabra en inglés. Todos podían repetir de memoria las canciones y muchos comentaban cuánto valía la pena estar ahí para escucharlo.

Comenzó el concierto, pero esta vez el ambiente era diferente. Tal vez la gente, tal vez el lugar, o tal vez el cantante. Pero el ritmo se volvió más denso, reflexivo, como quien reconoce algo propio en un lugar extraño. La selección de canciones en sí misma no fue una sorpresa. Estuvieron las más conocidas, o las más reconocibles. Y tampoco fue raro que se incluyera “Peces de ciudad” pensando que ahí se aludía a la ciudad cede.

Con la versión para piano, esta canción apareció hacia la mitad del concierto con los aplausos de quien se sentía, y estaba, en el mismo lugar que ahí se describía. Desde luego, “Peces de ciudad” era la misma canción de siempre, pero en ese lugar y en ese momento cobró un significado más vivo. ¿Era solamente la fatua Nueva York y la estatua de la libertad lo que involucraba a los asistentes? ¿Qué más tenía que decir el español que “desafina” con un discurso ligeramente distinto?

Hay una clave marcada en “la ley del tesoro en las minas del rey Salomón” . Apunta directamente hacia el mundo de las certezas y las verdades kantianas –discurso dominante en el lugar que se está describiendo. En la isla hay acuarios, Manhattan y los rascacielos con cristales enormes. Ahí están los “peces de ciudad” que viven en la seguridad elegida cuando “mordieron el anzuelo”. Estos habitantes “perdieron las agallas en un banco de morralla”, decidieron privarse del movimiento y del horizonte, como lo sugiere la “playa sin mar”. Mejor no prolongar la comparación y topar con realidades humanas concretas, formas de vida libremente elegidas; o mejor sí…

son las dos opciones que siempre se ofrecen en estas canciones.

Del lado opuesto, está el movimiento temporal que el cantante asume en primera persona. Al no quedar lugares donde escapar, solamente se puede dar cuenta de un movimiento interior. Lo marcan el corazón y las venas. Pero este tránsito que desafía “el oleaje” no es fácil. Está en juego la transformación del paso del tiempo y la aceptación de ese tiempo: temporalidad e incertidumbre. ¿Alguna recompensa? Siguiendo “la ley del tesoro”, ninguna.

En el concierto, puede ser que esta canción simplemente haya sonado bien; al escuchar la palabra “Nueva York” los asistentes gritaron y tomaron fotos con sus teléfonos. Pero también pudiera ser que para algunos sí se haya escuchado con su significado más profundo, y también más doloroso: con todo lo que implica renunciar a un camino y apostar por otro.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Hacia el otro pensar..

En miras al encuentro con mi Ser...
¿Tal vez comenzando con un cambio fundamental del estado de ánimo?...
¿Cómo logramos un cambio fundamental de nuestro estado de ánimo?

sábado, 30 de abril de 2011

Ontología Cromática....

En una tertulia de sibaritas surgió la
PREGUNTA QUE INTERROGA POR.....

EL COLOR DE UN MOMENTO DE PLACER.....


Ahora Nos-Otros, lanzamos la pregunta:

¿Que color le asignarías a un momento de placer?

Esperamos puedas contribuir a esta Discursión....!!!